11 jun 2008

Mudanza

Las mudanzas son una buena fuente literaria. Un amigo, un poco boquerón él, describe en su diario un par de anécdotas sobre su búsqueda de piso en N. Y. Me temo que no puedo ofrecer nada tan exótico. Me comformo con mi viejo Madriz. Y con algo tan simple como que un amigo de mi hermano se muda y deja su piso en el centro de la ciudad libre y para alquilar. Mi oportunidad de cambiar de aires, de quemar una etapa, cómo decir que no a un ático, con unas vistas increibles de la ciudad y tirado de precio, gracias a esta maravillosa crisis de la que todo el mundo habla pero que afrontamos con una estoicidad la mar de hispánica.
Las mudanzas me parecen realmente literarias, el viajar para buscar un lugar en el mundo, cambiar de espacio como símbolo del fin de una etapa. Podemos convertir un simple cambio de objetos en una metáfora con grandes significados semióticos.
La vida cotidiana es una gran fuente de literatura. Cada día me gusta más esta ciudad y estas letras que me rodean.

10 may 2008

Síntomas del Mal de Montano

Todos los días barro mi casa para limpiarla de pelos del gato, unos antes de desayunar y otros según llego a casa del trabajo. Suelo usar una de esas mopas a la que cambias el papel de la base cada vez. Y suelo usar papel ecológico, por aquello de hacer entre todos un poquito. Pero hoy se han acabado y no había comprado más. He tenido que volver a la escoba de siempre, esa de palo con cepillo, que levanta más polvo del que limpias. Y, sin querer, me he puesto a barrer baldosa por baldosa, una a una y por orden, primero una fila y luego otra. Por supuesto he llegado tarde al trabajo. Menos mal que no he visto ningún hombre de gris. Creo que todavía no me han robado nada de mi tiempo.

28 abr 2008

Geranios

Mira por su balcón y se concentra en su geranio, que se balancea con la brisa de abril. Desde que lo compró hace un par de meses has desaparecido las flores, se ha roto el tallo y ha vuelto a plantarlo, como un esqueje nuevo. Sale el sol entre las nubes y alumbra, levemente, su hoja más alta. Sigue vivo, medio muerto, resistiendo. Candela se pregunta qué carajo hace para que se le mueran todas las plantas. Ha puesto una piña seca, para decorar un poco. Queda un poco otoñal, para lo adelantada que está la primavera. Ha terminado de barrer y recoger un poco los pelos del gato. Fuera la gente pasea, sonríe, vive, se apresura para no llegar tarde. Se sienta en su sillón negro, su sillón de lectura, con el Fredydurke entre las manos. Hace algún tiempo que se lo regalaron y ya tenía ganas de hincarle el diente. Piensa que necesita rosas para su florero. En su equipo de música suena un cantautor norteamericano. Siempre sonando música en su casa, como si tuviera miedo al silencio, a lo que pueda decir.

4 abr 2008

Melinda o Melinda

He oído a Espiro Freire decir que a la hora de escribir los problemas estructurales que se le plantean vienen del tiempo, fundamentalmente. He de reconocer que mi simplicidad me lleva a plantearme si lo que quiero escribir será dramático o cómico. Supongo que influido por el hecho de ser de la generación del cine y la televisión. Se me ocurre un personaje que puede funcionar en la historia: un joven universitario obsesionado por el éxito dedica cuatro tardes cada semana a ir al gym, se ha comprado el último modelo de un coche que no puede pagar y sus novias deben ser modelos, como poco. Puedo convertirlo en una crítica de los superficial que es esta sociedad, que busca en la imagen y el dinero la felicidad o puedo convertirlo en alguien ridículo, gracioso, con situaciones embarazosas, liadas y divertidas. O puedo hacerle sufrir en silencio su infidelidad y su soledad, con la presión del éxito, tan falso como el suyo, de aquellos que les rodean.
Ese es mi primer escollo.
Se lo cuento a Rafa esta mañana y se ríe: "No, tu problema es cómo dejar de escribir de ti y de tu mundo. Conoces demasiada gente así como para que alguien no se sienta identificado. Ese es tu primer escollo."
Me sigo preguntando, entonces, ¿he de aislarme tanto para crear?

27 mar 2008

Arte


Nunca me han gustado esas novelas en las que el novelista se mira en el espejo y se centra en sí mismo, con un narrador en primera persona, como si fuera el ombligo del mundo. La primera persona sólo sirve para describir, desde el único punto de vista del que disponemos, el mundo que nos rodea. El estrañamiento es, por tanto, imprescindible. ¿Cómo no extrañarse con todo, con cada una de las imágenes que nos permitimos apreciar cada día? No sólo por lo asombroso de la naturaleza, increible, devastadora, maravillosa, sino por la gente, seres extraños que nos rodean. Miro a mi alrededor y veo caras conocidas: ahí está Rafa, como cada día, abriendo su librería, con una sonrisa, Claudia, en su estudio pintando con música de bossa esos estupendos abstractos llenos de luz, color y alegría mediterránea, esta mi gato, maullando como fingiendo que no sabe hablar, esta Jordi, mirando el infinito en la terraza. Por un momento los siento cercanos, como parte de mí, como si les conociera realmente, sabiendo lo que me van a decir, son previsibles porque les conozco, conozco sus hábitos. Y en su segundo los reconozco como extraños, qué decirles, qué esperar sin están tan lejos, si la muerte y la soledad nos separa siglos... Y sé que ellos me leen con interés y que a veces les desagradan mis palabras porque no son lo que esperaban. Y así actuamos cada día, bajo la presión de lo que se espera de nosotros, muertos de hastío y abulia, muertos en vida, esperanbo lo imprevisible y con miedo a provocar cambios.

¿El arte nos hace libres?