8 ene 2009

Deseos


“Ten cuidado con lo que deseas” parece más una amenaza que una advertencia, una maldición antes que un consejo. Se la he oído decir a muchas personas a mi alrededor, desde mi abuela, que era una mujer sabia, a cualquiera de mis amigos, todos ellos preocupados por este mal de Montano que me acecha y que provoca que mi imaginación vuele más de lo que puede controlar.
Y ese miedo a que todos tus deseos se hagan realidad ¿será sólo un reflejo del miedo que tenemos a la vida, a la espantosa imposibilidad de ser feliz, del hecho de que nuestra felicidad parece hospedada siempre en el pasado o a que nuestra felicidad consista simplemente en el empeño mismo de ser felices, ya no de lograrlo? ¿Conseguiré ser feliz el día que escriba mi obra maestra o mi ambición no sé conformará con eso? Peor aún, ¿y si los reyes magos te traen un día a casa aquello que siempre habías deseado, tan cómodo, a tu propia casa?, ¿quién no ha roto el día de reyes el juguete tan deseado por el ansia de usarlo?

25 dic 2008

Al despertar

Cada mañana se levanta a la misma hora, suena el despertador, se despereza, su gato se la queda mirando y lanza un maullido exigiendo el desayuno mientras con una pata roza su rostro. Levanta la persiana y disfruta por un segundo de las vistas, la ciudad, el cielo de un azul oscuro, la plaza, el parque al fondo. Los días de sol ni siquiera necesita encender la luz del baño, aunque éste no disponga de ventana. Enciende el calentador, da de comer al gato, enciende la radio. Deja de correr un poco de agua en una palangana antes de ducharse. Primero el champú, luego el gel, suavizante, depilarse toda enjabonada. Una toalla alcuerpo, otra más pequeña a la cabeza y el gato subido a la taza del váter esperando unos mimos. Se la queda mirando, tuerce el gesto, maulla. A veces se incorpora sobre sus patas traseras buscando a la dueña. Antes de comenzar las caricias está ronroneando. Le acaricia sentada sobre la cama, elige qué vestir, o sobre el brazo del sillón mientras suena un tema interesante. Lo deja en el suelo, las toallas en sus respectivos lugares, se aplica loción corporal, desodorante, crema hidratante en la cara, se viste. Desayuna, un té con leche o leche con cereales, según la ocasión. Se cepilla los dientes, se seca el pelo, se termina de arreglar frente al espejo, escogiendo unos pendientes, un anillo, quizá un collar. Cambia le cambia el agua al animalillo y limpia el arenero. Cierra con cuidado la bolsa de basura. Antes de cerrar la puerta de la calle lo ve tumbado sobre una silla, aquella en la que esté dando el sol. Es un gato-lagarto, otras un gato-perro. Hay días que deja la radio encendida para que no note su falta. Aquel día la apagó.
En ocasiones ser soltera es como un matrimonio envenjecido.

23 nov 2008

Palabras


Las palabras no son inocentes. Ojete Calor tiene una canción de frases que no valen nada, de frases inócuas y es cierto que con el exceso de uso las palabras pierden contenido, no tienen la misma fuerza expresiva "cosa" que "guerra".
Las palabras no son inocentes. Lakoff nos analiza los marcos ideológicos que algunos sintagamas cargan en sí mismos. Los contenedores de pensamiento, las fundaciones de los partidos políticos, se encargan de crear estos sintagmas para convencernos, para habituarnos a pensar de la manera que a ellos les conviene para aprovar una ley sin demasiadas trabas. Hemos aprendido mucho desde que en la II República se salió a las calles para evitar que los cementerios los gestionasen los ayuntamientos, así que antes de quitar más poder a la iglesia primero hay que hacer una batalla de concienciación ciudadana. Y desde luego también se está haciendo un trabajo eentusiasta por parte de los medios de comunicación para que nos resulte aceptable la eutanasia, incluso imprescindible. Uno de los sintagmas que más rápidamente han calado en nuestro vocabulario contemporáneo y que esconde todo un sistema económico es "carga fiscal". Es imposible dejar de pensar en un elefante con ese sintagma.
El lenguaje no es en absoluto inocente, y por eso discutimos la otra noche en casa de Al, cenando unos cuantos amigos, sobre si el lenguaje es sexista o no. La frase que no vale nada fue "el lenguaje es de todos, por lo que no es sexista". Pero nos olvidamos de que el lenguaje se crea continuamente, que se puede introducir un término como "kinkonada", que se popularice y que termine formando parte de nuestro léxico. El lenguaje tiene términos como "mulato" que viene de mula y que en un principio fue bastante más racista de lo que somos conscientes hoy.
El lenguaje no puede ser inocente cuando nosotros tampoco lo somos.

21 jul 2008

Extrañamiento

Vivo una vida que no me pertenece, un tiempo que no es el mío, mi cuerpo me resulta ajeno cuando lo observo frente al espejo. Hay quien llama extrañamiento a esa sensación de sentirte fuera, todo el tiempo, enmascarada en cada situación vivida. Hay quien lo llamó esperpento, grotesco. Hay quien simplemente lo llama hipocresía y otros lo maquillan de buena educación. A mí me parece un tema complejo.

6 jul 2008

Obsesión

Mi amor por la literatura, sin la menor duda, viene de una carencia afectiva en la niñez. No tengo la menor duda. Mi madre me enseñó a leer con cuatro años para que no molestase, y, aunque ella ni se lo imagine, ha sido el mejor regalo que me han hecho en vida. Mi amor, mi obsesión casi enfermiza por los libros, me ha llevado a pensar todo mi mundo como si una novela se tratara y analizo compulsivamente cada conversación con un análisis sacado de mis clases de teoría literaria. Que una amiga se case me lleva irremediablemente a contemporizar a la Wolf y qué significa tener un cuarto propio en la actualidad en nuestro país, lo que, casi, se ha convertido en un ensayo dentro de mi diario que podría salir a la luz si mi editor se termina enterando. Me lleva a analizar mi propio pensamiento analítico y las razones por las que yo misma huyo de cualquier compromiso, por qué prefiero la soledad de la noche del domingo ante mi portátil mientras suena Sonny Rollins en mi equipo de música a una pobre cita en la que un tipo aburrido intenta por todos los medios echarme un polvo. No me gustan los polvos en las primeras citas, estadísticamente son promesas de mal sexo. Así que mis citas acaban como empezaron, en mi casa leyendo, sola.

Mi obsesión literaria me lleva a fantasear en lo buena editora que podría llegar a ser, en lo que de intuición tiene apostar por un autor desconocido y que resulte que es excelente, como si de un nuevo Barral me tratase a mí misma. Mi propia ficción me lleva a imaginar que mi próxima novela me consagrará como una autora inteligente, sagaz, que reúne en su prosa tradición y vanguardia abriendo las puertas a una nueva forma de narrar, lo que todos están esperando, llenando así mi vanidad de escritora.

La noche ya es cerrada, termino estas líneas y busco un dvd para ver, mientras mi gato se acurruca en la terraza, buscando un poco de brisa. ¿Puede lo enfermizo hacernos felices?