2 abr 2007

Compartiendo momentos



Me resulta asombroso, la forma en que la gente entra y sale de tu vida. Quien era absolutamente indispensable hace unos meses, hoy, sólo es una sombra en un recuerdo, desdibujándose. Ayer encontré el nombre de un antiguo compañero del colegio en la wikipedia, de los que fueron imprescindibles para respirar. Ayer sonó el timbre de mi puerta y apareció un amigo nuevo, con quien empiezo a hacer planes para ir al concierto de Pearl Jam en Madrid.

Hoy lo comentaba con Rafa en la librería y me miraba como si me viera por primera vez. “Demasiada literatura”, me ha dicho. Pero esta vez no le he dado la razón. Que la vida sea literaria no deja de ser anecdótico. Yo no tengo la culpa de que llame a mi puerta un vecino con mis mismos gustos musicales y nos quedemos hablando hasta las tantas. Y no sé hasta qué punto literaturizo cuando describo sus enormes ojos negros y el grosor de sus labios, que tantas ganas tengo de besar. Y que no hice por vergüenza, decoro y, sí, en este caso, puro disfrute del correr de las palabras. Pocas cosas disfruto má que el primer contacto con alguien, el primer conocimiento de coincidencias, encuentros intelectuales, gustos musicales, cambios de ideas, con una copa de vino en la mano, luz tenue, un roce accidental.

Mañana… no lo sé, y casi mejor que siga siendo así.

1 abr 2007

Ventanas que se abren


Cae la tarde y sabes que nada va a ser como antes. Los amigos están lejos y los días pasan sin motivo aparente. Esta mañana no he pasado por la librería de Rafa. Me he quedado en casa trabajando, pensando, escribiendo, leyendo, tocando la guitarra. Noto mi mundo extraño, como si una bomba hubiese arrasado con todo, me he puesto a escuchar Daugther, de Pearl Jam, una de mis canciones favoritas del grupo:

Alone, listless. Breakfast table in another wise empty room.Young girl, violence. Center of her own attention. The mother reads aloud, child tries to understand it. Tries to make her proud. The shades go down. It's in her head. Painted room. Can't deny there's something wrong.

Con las ventanas abiertas, saltando, viviendo el punteo y la sucesión de acordes, simples pero contundentes. Se cuelan unas risas vecinas desde el patio interior. Suena el timbre.

-¿Quién es?
-Tu vecino.

Le abro con preocupación imaginando un viejo con malas pulgas mosqueado por la música tan alta. Ante mi sorpresa un guapo moreno, con una sonrisa amplia, los ojos más negros que he visto en mi vida. Como en una serie de televisión. Quién se va a imaginar que al abrir la puerta va a aparecer un hombre tan terriblemente guapo. Sólo le falta ser bombero.

-Me imagino que te molesta la música, perdona, no me he dado cuenta.
-En realidad no me molesta, es uno de mis grupos favoritos, pero te voy a pedir que la bajes porque necesito dormir. Ayer salí hasta las tantas y mañana trabajo, como todo el mundo, supongo. Fue una noche extraña, la de anoche.
-Bueno, yo no salí anoche, pero sin duda la bajo ahora mismo. ¿Puedo preguntar qué fue lo raro de anoche?
-¿Has tenido alguna vez la sensación de irte cruzando con gente cada vez más rara? No sé si porque al ser más mayores cada vez tenemos más manías o si soy yo que miro de manera distinta.
-Contínuamente.


27 mar 2007

Terrazas madrileñas

Una vez más El País.com tiene una sección sobre mi ciudad. Rafa me ha mostrado esta foto cuando he ido a saludarle antes de ir a trabajar. Es lo bueno de tener tu propio horario, puedes mantener buenas costumbres como comprar el periódico para desayunar, comprar la fruta del día y saludar a los vecinos del barrio. Aunque la librería de Rafa esté algo alejada de casa, me acerco muchas mañanas a comentar las noticias, mi vida o algún libro. De su vida, ya sabéis, habla poco.
La foto la podéis ver en el blog de Marta Pereyra, fotógrafa. Y desde luego, es una buena terraza para tomar un café con tu pareja si puedes contemplar desde aquí la ciudad. La próxima vez que venga Al le llevaré. Me encanta descubrir nuevos parajes de mi ciudad.
Gracias, Marta, por las vistas desde tu azotea.

18 mar 2007

Domingos por la tarde


Las tardes de domingo tiendo a imaginar qué hacen las personas que conozco mientras me dedico a escribir. Como sufro este mal de literatura que Vila-Matas muy afortunadamente llama el Mal de Montano, imagino una cámara que se mete en cada vida privada mientras suena esa melancólica música de Amandine. Me imagino a mí, vista desde detrás, con mi copa de vino blanco, pensando, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras aflojo los hombros o me estiro. Me imagino inteligente y sensual. Con las luces de las mesillas dadas, creando un ambiente cálido, para darle cuerpo a esta música nacida en la gélida Suecia. Me imagino a Al, muerto de sueño, echando una cabezada en el avión, con el periódico sobre sus rodillas, deseando llegar a casa, y sin ganas de ponerse a trabajar de nuevo, pero con unas terribles ganas de empezar un nuevo proyecto. Me imagino a Martín, delante del espejo del baño, decidiendo si se quita o no la barba. Me imagino a Raquel, paseando por la playa, en esta noche fría, dejándose azotar por el viento mientras llama a su perro a gritos, con miedo de que se le pierda en la oscuridad, con la falda metiéndose entre sus piernas y las botas clavándose en la arena. Me imagino a Rafa, en casa, viendo La caja Kovak, en dvd, llorando por culpa de la versión de Gloomy Sunday que sale al final de la peli, no por la peli, buscando, después, la versión de Bjork para escucharla mejor. Me imagino a Pepe, en su habitación, sin poder dormir, de nuevo, liándose un peta sin ganas pensando que quizá eso le relaje un poco, echando de menos a su novia francesa. Me imagino a Alberto, acariciando a Dylan, en su habitación mientras chatea con una chica que acaba de conocer y que no llegará a conocer del todo. Adela estará en su casa, pendiente de los ruidos, intentando corregir exámenes, pero con la duda de ser observada por alguno de sus vecinos. Me imagino insomne, a las cuatro de la mañana, leyendo, con uno de mis gatos sobre mí. Te imagino escribiendo, en un piso enorme, con grandes ventanales, mirando la ciudad y recordando el aroma de la infancia.


Madriz es una ciudad solitaria los domingos por la tarde.

12 mar 2007

Sugerencias


Rafa me ha preguntado hoy por la Guía.
“Estoy en ello”, le explico.“Me voy a quedar con las ganas de saber si hay salida directa al mar o no”.
“ Ya ves, de ese chico que buscaba Auster en inglés...”
“Martín”, le interrumpo.
“Sí, ese. Pues no he vuelto a saber nada. Claro, el libro de Auster es tan flojo... Me he empezado a leer el de Zadie Smith. Ya te diré qué tal. Pero no te cambio de tema.”
“No me cambies, que te enrollas. Es que la Guía se está liando un poco. Primero pensé en mostrar todos mis lugares, los más mágicos de esa ciudad, como en aquella ocasión en la que se confundieron los del circo Ruso y trajeron un circo de freaks, con mutaciones genéticas, tan raro, no estoy segura de si hasta pusieron música de Boards of Canada y todo. Es que he comprendido, según escribía, que para mí Madriz está llena de gente. Gente con la que me tropiezo por la calle, que la sigo, que me atrae por alguna razón, y también por mis amigos, mis vecinos, y las cosas que pasan en sus calles. Que mi ciudad no son solo unas pocas fotos. ¿Cómo voy a presentar todo eso, tan complejo me parece, a alguien que no sabe nada, a un despistado, para más señas?”
“Se te ha liado un poco. ¿Tú crees que llegarás a plazo?”
“Ya te digo yo que no.”
“¿Me admites una sugerencia?”
“Claro Rafa, cerebro privilegiado.”
“Cementerios.”

Y entendí perfectamente lo que quería decir por lo que será, obvio, el siguiente capítulo de mi Guía. Sigo admitiendo sugerencias.